
El sector agroalimentario, europeo y nacional, ante el nuevo desafío del proteccionismo comercial global
El sector agroalimentario europeo y español enfrenta un nuevo desafío debido al auge del proteccionismo comercial global, especialmente tras las políticas arancelarias impulsadas por Estados Unidos bajo la administración Trump. En un coloquio organizado por LLYC, expertos analizaron el impacto de estas medidas, que imponen aranceles del 20% a productos europeos, afectando la competitividad frente a países con tasas más bajas.
A pesar del crecimiento de las exportaciones agroalimentarias españolas a EE.UU., la incertidumbre comercial amenaza sectores clave como el aceite de oliva y la aceituna negra. Desde la Unión Europea se propone una estrategia de diversificación comercial, fortalecimiento del mercado interno e inversión en innovación y sostenibilidad.
Conscientes del papel estratégico que desempeña la cadena alimentaria en la economía nacional, el pasado 7 de abril, la Oficina Alimentaria de la Agencia de Marketing y Asuntos Públicos, Llorente y Cuenca (LLYC), de Madrid, invitó a expertos del sector a un interesante coloquio en el que se reflexionó sobre el impacto de las medidas proteccionistas del gobierno de Estados Unidos en el sector agroalimentario, español y europeo. En el mismo, bajo la dirección de Fernando Moraleda, participaron Marisa Poncela, asesora senior de LLYC, y Fernando Miranda, consejero de Agricultura, Pesca y Alimentación en la representación permanente de España ante organismos internacionales en Ginebra. Desde artica+i, como consultoría agroalimentaria y partner de LLYC, participamos en el evento para analizar las conclusiones alcanzadas. Esta iniciativa responde a los nuevos y crecientes desafíos del sector, que exigen un enfoque multidisciplinar.
El intercambio de información, ideas y pronósticos fue muy enriquecedor, comenzando por el análisis de la evolución de la Organización Mundial del Comercio (OMC), que ha cumplido recientemente su 30 aniversario, en un contexto de amenaza por una guerra comercial global impulsada por la Administración Trump. En este tiempo, el comercio mundial ha crecido, reduciendo costes y favoreciendo el crecimiento económico global y la reducción de la pobreza en países como China o Vietnam. El libre comercio ha traído una prosperidad generalizada.
No obstante, el bloqueo al órgano de apelación de la OMC por parte de EE. UU. durante la era Obama, agravado por las medidas proteccionistas actuales, ha generado una fuerte incertidumbre. Trump propone castigar a sus socios comerciales y reformar la OMC, algo que no sería posible antes de la próxima cumbre de 2026.
El sector agroalimentario europeo enfrenta aranceles del 20% aplicados por igual a todos los países de la UE, lo que, aunque no discrimina entre productores europeos, sí perjudica frente a competidores como Chile o Turquía, afectados solo con un 10%. Esta política proteccionista ha creado un entorno de gran incertidumbre comercial. Las exportaciones españolas a EE. UU. sumaron 3.764 millones de euros en 2024, un 26,5% más que el año anterior, con un superávit de más de 1.700 millones. Sin embargo, la posibilidad de nuevos aranceles y conflictos como el de 2018 es preocupante, especialmente para productos como la aceituna negra, el vino o el aceite de oliva. Poncela abogó por la diversificación comercial y la innovación tecnológica, así como por negociar desde la UE con EE. UU.
Miranda, por su parte, defendió la necesidad de calmar tensiones y acelerar acuerdos comerciales con otras regiones, como Mercosur o la India, para reducir la incertidumbre. Recordó las diferencias arancelarias en productos como la leche, con un 15% europeo frente al 67% que aplica la UE a la americana.
Los expertos del coloquio advirtieron que estas medidas pueden perjudicar también al agricultor estadounidense, debido al aumento de los costes de producción y la posible pérdida de competitividad.
La respuesta europea: autonomía estratégica y diversificación
Ante este nuevo escenario de proteccionismo creciente, la Unión Europea debe priorizar su autonomía estratégica, fortalecer el mercado interior y firmar nuevos acuerdos con regiones como Asia o Latinoamérica, donde los productos europeos gozan de alta valoración. Además del valor gastronómico, la dieta mediterránea y el consumo responsable son tendencias clave.
Las diferencias regulatorias entre EE. UU. y la UE, especialmente en materia ambiental, pueden suponer una ventaja competitiva para Europa, al destacar en calidad, sostenibilidad y seguridad alimentaria, especialmente en mercados como Japón o los países escandinavos.
En este contexto, la UE debe reforzar su unidad y preparar un acuerdo con EE. UU. bajo las nuevas reglas geopolíticas. El sector agroalimentario debe adaptarse con una visión positiva, viendo oportunidades en este cambio. España, por su parte, tiene la oportunidad de liderar esta transformación, gracias a su riqueza productiva y peso en el comercio europeo.
Desde artica+i, reafirmamos nuestro compromiso con el sector agroalimentario, apoyando a las empresas en el rediseño de sus estrategias productivas e innovadoras para afrontar esta nueva realidad.






